El agua de una piscina en uso está en contacto continuo con decenas o cientos de personas, con el entorno, con la radiación solar y con una variedad de sustancias que introduce cada bañista. Sin un sistema activo de desinfección y depuración, esa agua se convertiría en un caldo de cultivo para bacterias, virus, parásitos y algas en cuestión de horas. Entender qué significa realmente depurar el agua de una piscina —qué hay que eliminar, con qué herramientas y por qué el orden importa— es la base de cualquier decisión de mantenimiento correcta.
Qué hay que eliminar del agua de una piscina
El agua de piscina acumula tres categorías de contaminantes que requieren tratamientos diferentes:
Contaminantes biológicos (patógenos)
Bacterias (Pseudomonas, E. coli, Legionella, Staphylococcus), virus (norovirus, adenovirus, hepatitis A) y parásitos (Cryptosporidium, Giardia) son los agentes de mayor riesgo sanitario. Son invisibles, se multiplican exponencialmente en condiciones favorables y pueden causar desde gastroenteritis hasta otitis graves.
Los biocidas (cloro, ozono, iones de cobre-plata) actúan sobre estos patógenos. El cloro actúa en segundos sobre bacterias; los quistes de Cryptosporidium son resistentes al cloro a concentraciones normales y requieren filtración UV o concentraciones muy altas de cloro durante tiempos largos.
Contaminantes orgánicos disueltos
Cada bañista introduce en el agua orina, sudor, cremas solares, champú, células de piel muerta y otros compuestos orgánicos. Estos compuestos no son patógenos en sí mismos, pero reaccionan con el cloro para formar cloraminas y trihalometanos: los subproductos responsables del olor característico de las piscinas, de la irritación de ojos y mucosas, y de la sensación de cloro excesivo que paradójicamente aparece cuando hay demasiada materia orgánica sin oxidar.
Los oxidantes (cloro en exceso, ozono, peroxígeno) destruyen estos compuestos orgánicos. El carbón activo puede adsorber los que ya están formados.
Partículas en suspensión
Polen, polvo, tierra, hojas, células de algas muertas, restos de protector solar en suspensión: dan turbidez al agua y pueden alojar a microorganismos que los biocidas no pueden alcanzar fácilmente. La filtración mecánica (arena, vidrio, cartuchos) es la única forma de eliminarlos. Los clarificantes y floculantes agrupan las partículas muy finas que el filtro no retiene bien para que sean aspiradas o para que formen flóculos filtrables.
El triángulo de la depuración
La depuración efectiva del agua de piscina requiere los tres elementos a la vez:
- Biocida: destruye los patógenos. El cloro es el estándar; el ozono y los iones de cobre-plata son alternativas o complementos.
- Oxidante: destruye la materia orgánica. El cloro libre tiene acción oxidante además de biocida; el ozono es el oxidante más potente; el peroxígeno (monopersulfato potásico) actúa como oxidante sin cloro.
- Filtración: elimina partículas en suspensión. Sin filtración, el agua puede estar biológicamente desinfectada pero visualmente turbia, y los microorganismos protegidos dentro de partículas escapan de la acción del biocida.
Cuando el agua tiene problemas (turbia, verde, con olor), casi siempre es porque uno de los tres elementos está fallando o está sobrepasado por la carga contaminante.
El cloro como biocida de referencia
El cloro ha sido durante décadas el biocida estándar en piscinas por razones bien fundadas: es eficaz contra la mayoría de los patógenos, deja un residual medible en el agua, es relativamente económico y fácil de usar. Su mecanismo de acción es la oxidación de componentes esenciales de las células bacterianas —membranas, enzimas, material genético— causando su muerte en segundos a concentraciones de 1-3 ppm con pH correcto.
La eficacia del cloro depende críticamente del pH. A pH 7,2-7,4, la mayor parte del cloro está como ácido hipocloroso (HOCl), la forma activa. A pH 8,0, más del 70% está como ión hipoclorito (OCl⁻), mucho menos activo. Por eso ajustar el pH antes que cualquier otra cosa es la prioridad en el mantenimiento.
El problema de las cloraminas
Cuando el cloro reacciona con la materia orgánica nitrogenada (amoniaco de la orina, aminoácidos del sudor), forma cloraminas: monocloramina, dicloramina y tricloramina. Las cloraminas son el origen de casi todos los problemas de irritación asociados al cloro:
- Huelen mucho más fuerte que el cloro libre (el «olor a piscina» es en realidad olor a cloraminas).
- Irritan ojos, piel y vías respiratorias.
- Tienen una actividad biocida mucho menor que el cloro libre.
- Se miden como «cloro combinado» (la diferencia entre cloro total y cloro libre).
Cuando el agua huele mucho a cloro y los ojos pican, paradójicamente la solución es más cloro (un choque de superchloración a 10-15 ppm que destruya las cloraminas por oxidación) o un tratamiento de oxidación sin cloro (monopersulfato, ozono).
Alternativas y complementos al cloro
Ozono
El ozono (O₃) es el oxidante más potente disponible para tratamiento de agua. En piscinas, se genera in situ mediante lámpara UV o descarga eléctrica (corona) y se inyecta en el circuito de filtración. Destruye todos los patógenos conocidos, incluido Cryptosporidium, y elimina completamente las cloraminas. No deja residual en el agua (se degrada en oxígeno en minutos), por lo que siempre requiere un biocida residual de respaldo (cloro a dosis mínima o ionización).
Radiación UV
La radiación UV-C (253,7 nm) destruye el ADN de los microorganismos, inutilizándolos para reproducirse. Actúa solo sobre el agua que pasa por el reactor UV, sin dejar residual. Muy eficaz contra Cryptosporidium y Giardia, resistentes al cloro. Se usa siempre con cloro de respaldo. La dosis efectiva depende de la turbidez del agua: agua turbia bloquea la radiación UV.
Ionización cobre-plata
Iones de cobre y plata actúan como biocida de larga duración. El cobre tiene acción algicida; la plata tiene acción bactericida y virucida. No oxidan la materia orgánica, por lo que siempre se combinan con un oxidante. El residual iónico persiste días en el agua sin degradarse por el sol.
Parámetros a controlar regularmente
Una depuración efectiva requiere vigilar con regularidad:
- Cloro libre: 1-3 ppm. Por debajo de 1 ppm, riesgo de insuficiencia biocida. Por encima de 5 ppm, irritante para los bañistas.
- Cloro combinado: máximo 0,5 ppm. Si supera este valor, hacer choque de superchloración o tratamiento oxidante.
- pH: 7,2-7,4. Fuera de este rango, la eficacia del cloro cae drásticamente.
- Alcalinidad total: 80-150 mg/l. Estabiliza el pH.
- Presión del filtro: cuando sube 0,5 bar sobre la presión normal, el filtro necesita backwash.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cloro se consume realmente en una piscina residencial?
Depende del uso, la temperatura del agua, la radiación solar y la eficiencia del sistema. Una piscina familiar de 50 m³ con uso moderado en verano puede consumir 200-400 g/día de cloro activo en los días más calurosos. Sin estabilizador (cianúrico) y con mucho sol, el consumo puede ser el doble. Con cloración salina y cianúrico a nivel correcto, el consumo efectivo de cloro disminuye porque el estabilizador protege el cloro de la degradación UV.
¿El agua de piscina puede transmitir el COVID-19 u otros virus respiratorios?
El cloro a concentraciones normales (1-3 ppm con pH correcto) destruye el SARS-CoV-2 y la mayoría de los virus respiratorios en segundos. La transmisión por el agua de piscina de virus respiratorios no está documentada en condiciones de tratamiento correcto. El riesgo en piscinas es por contacto persona a persona en el entorno (vestuarios, hamacas, zonas de baño), no por el agua.
¿Qué es la superchloración y cuándo hacerla?
La superchloración (o shock/choque de cloro) consiste en elevar el cloro a 10-20 ppm para destruir las cloraminas, matar las algas y eliminar toda la carga orgánica acumulada. Se hace al inicio de temporada, cuando el agua verde o turbia no mejora con tratamiento normal, cuando el agua huele excesivamente a cloro (señal de cloraminas), después de un uso intensivo excepcional o tras una contaminación fecal. Se hace al atardecer (el sol degrada el cloro de choque rápidamente) y se espera 24-48 horas antes de bañarse.
Conclusión
La depuración del agua de piscina es un sistema donde los tres pilares —biocida, oxidación y filtración— funcionan juntos o no funcionan bien. Entender qué problema tiene el agua (turbiedad, algas, olor, color) lleva directamente a identificar cuál de los tres pilares está fallando y cómo corregirlo. El mantenimiento preventivo regular es siempre más eficiente que la corrección de problemas avanzados: un agua bien mantenida cuesta menos esfuerzo y dinero que una que hay que recuperar.




