El cloro es el desinfectante más usado en piscinas de todo el mundo, y no es casualidad: es eficaz, económico, fácil de dosificar y deja un residual activo en el agua que sigue protegiendo tras la aplicación. Pero también es el producto que más malentendidos genera: se cree que el olor a cloro indica mucho cloro (es al revés), que el cloro irrita los ojos (lo hace cuando el pH es incorrecto) y que el agua «quema el pelo» por culpa del cloro (la culpa suele ser del pH ácido). Entender cómo funciona el cloro evita muchos problemas.
Cómo actúa el cloro en el agua
Al añadir cloro al agua, se produce una reacción que genera ácido hipocloroso (HOCl) e ión hipoclorito (OCl⁻). El ácido hipocloroso es la forma activa: penetra en la membrana celular de los microorganismos y los destruye. El ión hipoclorito es mucho menos activo.
La proporción de ácido hipocloroso e ión hipoclorito depende del pH: a pH 7,2 hay aproximadamente 66% de ácido hipocloroso; a pH 8,0 hay solo un 20%. Esta es la razón por la que el pH correcto es tan importante para que el cloro funcione: con pH alto, tienes cloro en el agua pero no actúa.
Cloro libre, combinado y total
El análisis del agua distingue tres fracciones de cloro:
- Cloro libre: el cloro disponible para desinfectar. Rango óptimo: 1-3 ppm. Es el que importa para la desinfección.
- Cloro combinado: cloro que ha reaccionado con compuestos nitrogenados de los bañistas (sudor, orina, restos de crema) formando cloraminas. Las cloraminas son irritantes y son responsables del «olor a piscina». Nivel aceptable: menos de 0,5 ppm.
- Cloro total: suma de libre y combinado. El que miden los análisis menos precisos.
Cuando el cloro combinado supera 0,5-1 ppm, la solución es un tratamiento de superchloración (choque de cloro): añadir una dosis alta de cloro (10 veces el nivel de cloro combinado) para superar el «punto de ruptura» y destruir las cloraminas. Tras el choque, el agua vuelve a oler bien y el cloro libre recupera su eficacia.
Formas comerciales del cloro
Hipoclorito sódico (lejía de piscina)
El cloro líquido, con concentración del 12-15% en productos específicos para piscinas (mucho más concentrado que la lejía doméstica). Es el más económico por kg de cloro activo. No contiene estabilizador, por lo que se degrada con el sol: añadir de noche o al atardecer y en combinación con estabilizador si la piscina está expuesta al sol. Poco práctico para dosis pequeñas por el volumen a manipular.
Tricloro (ácido tricloroisocianúrico)
El producto más usado en piscinas domésticas. Disponible en pastillas de 200 g (para dosificador flotante o skimmer) o tabletas más pequeñas. Contiene ~90% de cloro activo y lleva estabilizador incorporado (cianúrico), lo que reduce su degradación solar. Eficacia sostenida. El inconveniente es que el cianúrico se acumula con el uso continuado y puede llegar a niveles que reducen la eficacia del cloro.
Dicloro (dicloroisocianurato sódico)
Similar al tricloro en composición, pero en forma de granulado o polvo de disolución rápida. Ideal para tratamientos de choque por su velocidad de acción. Contiene menos cianúrico que el tricloro. Se usa también en dosis de mantenimiento en piscinas donde el tricloro no llega a todas las zonas uniformemente.
Hipoclorito cálcico
Granulado con ~70% de cloro activo, sin estabilizador. Muy utilizado para tratamientos de choque en piscinas con nivel de cianúrico ya alto. Al no añadir más estabilizador, permite mantener el cianúrico controlado. Aumenta la dureza cálcica del agua con el uso continuado.
Factores que afectan al consumo de cloro
El cloro se consume más rápido cuando:
- Temperatura alta: el calor acelera las reacciones químicas y la evaporación del cloro.
- Radiación UV intensa: el sol destruye el cloro no estabilizado en pocas horas.
- Muchos bañistas: cada bañista introduce materia orgánica (sudor, crema, orina) que consume cloro.
- pH incorrecto: especialmente pH alto, que convierte el cloro activo en cloro ineficaz.
- Mucha materia orgánica: hojas, insectos, algas muertas. La filtración correcta reduce este consumo.
Tratamiento de choque: cuándo y cómo
El choque de cloro consiste en añadir una dosis mucho mayor de lo habitual para superar el nivel de ruptura y destruir los compuestos que consumen cloro. Se recomienda:
- Al inicio de la temporada, antes del primer baño.
- Después de un período de uso muy intenso (fiesta, semanas de mucho calor).
- Cuando el agua huele a cloro aunque los niveles sean aparentemente correctos (cloraminas altas).
- Después de una tormenta fuerte o entrada masiva de suciedad.
- Cuando el agua empieza a perder claridad pese a una filtración correcta.
Siempre hacer el choque al atardecer o de noche, con la bomba en marcha. No bañarse hasta que el cloro libre baje a 3-5 ppm (unas 12-24 horas después, según la dosis y las condiciones).
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Preguntas frecuentes
¿Por qué el agua de la piscina irrita los ojos?
En la mayoría de casos, la irritación ocular no la produce el cloro en sí sino el pH incorrecto o las cloraminas. Un agua con pH fuera del rango 7,2-7,6 irrita los ojos aunque el cloro sea correcto (las lágrimas tienen pH ~7,4). Las cloraminas también son irritantes. Si el agua irrita, mide primero el pH y el cloro combinado antes de reducir el cloro libre.
¿Con qué frecuencia hay que añadir cloro?
Depende del sistema: con pastillas de tricloro en dosificador flotante, se recargan cada 5-10 días según el tamaño de la piscina y el consumo. Con hipoclorito líquido, puede ser necesario añadir a diario o cada dos días en verano. Lo correcto es medir el cloro libre 2-3 veces por semana y añadir cuando baje de 1 ppm. Con dosificador automático, el sistema se encarga de mantener el nivel constante.
¿Qué pasa si hay demasiado cloro en el agua?
Niveles muy altos de cloro (por encima de 5-10 ppm) irritan la piel, los ojos y las mucosas, y pueden decolorar los bañadores y el cabello. También pueden atacar el liner o el revestimiento del vaso si se mantienen durante tiempo. Si se ha añadido demasiado cloro, la solución más sencilla es esperar con la bomba en marcha y el agua expuesta al sol (el UV degrada el cloro). También existen neutralizadores de cloro (tiosulfato sódico) que aceleran la reducción.
¿El cloro funciona igual en piscinas cubiertas que al aire libre?
En piscinas cubiertas o interiores, la degradación solar del cloro es mínima o nula, por lo que el consumo de cloro es menor y puede no ser necesario añadir estabilizador (cianúrico). Las piscinas interiores tienen otro reto: la acumulación de cloraminas en un espacio cerrado, que genera mal olor y problemas respiratorios. El control de la ventilación y la calidad del aire es tan importante como el tratamiento del agua en piscinas interiores.
Conclusión
El cloro sigue siendo el desinfectante más práctico y económico para la inmensa mayoría de piscinas domésticas. Usarlo correctamente —mantener el pH en el rango óptimo, dosificarlo según el consumo real, hacer choques periódicos y controlar el nivel de cianúrico— garantiza agua segura con el mínimo gasto. Los problemas con el cloro casi siempre vienen de pH incorrecto o de cloraminas acumuladas, no del cloro en sí.



