Nadar es uno de los deportes más completos que existen: trabaja todos los grupos musculares, no impacta las articulaciones y mejora la capacidad cardiovascular. Sin embargo, las piscinas cubiertas —donde más se nada en España durante los meses fríos— tienen un problema que los folletos de los polideportivos raramente mencionan: el aire que se respira dentro puede ser más irritante para las vías respiratorias que el de muchos entornos urbanos contaminados.
No es el cloro en sí el problema. Es lo que ocurre cuando el cloro reacciona con la materia orgánica que los bañistas introducen en el agua. Los compuestos que se forman en esa reacción —principalmente las cloraminas— son los responsables de la irritación ocular y respiratoria, del olor característico de las piscinas cubiertas y, según estudios recientes, de un aumento del riesgo de sensibilización asmática en nadadores de competición.
El origen del problema: cloraminas, no cloro
El cloro se añade al agua de piscina para desinfectarla: matar bacterias, virus y hongos que de otro modo proliferarían en un espacio cálido y húmedo frecuentado por muchas personas. Por sí solo, el cloro en las concentraciones reglamentarias (0,5-2 mg/L de cloro libre) no es un irritante significativo.
El problema aparece cuando ese cloro reacciona con el amoniaco y los compuestos nitrogenados del sudor, la orina, la saliva y la cosmética que los bañistas llevan consigo. De esa reacción nacen las cloraminas (monocloramina, dicloramina y tricloruro de nitrógeno), compuestos que:
- Se evaporan rápidamente del agua a temperatura ambiente.
- Se concentran en la capa de aire de 0 a 2 metros sobre la superficie del agua (justo donde respiran los nadadores).
- Son responsables del «olor a cloro» que percibimos en las piscinas. Una piscina bien mantenida con poca carga orgánica huele poco; el olor intenso indica exceso de cloraminas.
- Irritan la mucosa ocular, nasal y bronquial.
Efectos en las vías respiratorias
Irritación aguda
La irritación más común es inmediata y leve: ojos rojos, picor nasal, tos seca tras una sesión de natación intensa en piscina cubierta mal ventilada. Estos síntomas son reversibles: desaparecen en horas una vez que la persona sale de la piscina y respira aire limpio. No son señal de daño permanente.
Inflamación crónica en nadadores de competición
El panorama es diferente para quienes entrenan en piscinas cubiertas muchas horas a la semana. Varios estudios europeos (entre ellos un estudio belga publicado en Occupational and Environmental Medicine que siguió a nadadores de competición durante varios años) han encontrado:
- Inflamación crónica de la mucosa bronquial en nadadores con más de 10 horas semanales de entrenamiento en piscina cubierta.
- Mayor prevalencia de asma y sensibilización alérgica en nadadores de élite respecto a la población general.
- Daño en el epitelio de las vías respiratorias medido mediante marcadores de inflamación en el aire exhalado.
Es importante matizar: estos efectos se dan en el extremo de la exposición (entrenamiento intensivo de competición). Para el nadador recreativo que va a la piscina 2-3 veces por semana, el riesgo es mínimo y los beneficios del ejercicio físico superan ampliamente el riesgo por la exposición a cloraminas.
El caso de los niños
Los niños tienen el sistema respiratorio en desarrollo, lo que los hace más vulnerables en teoría a los irritantes ambientales. Sin embargo, la frecuencia de exposición de un niño que va a natación una vez por semana es muy baja comparada con otros irritantes del entorno (tráfico, tabaquismo pasivo, calefacciones). Las piscinas de uso público en España tienen autorización sanitaria que garantiza condiciones mínimas de seguridad. Los pediatras siguen recomendando la natación como uno de los ejercicios más beneficiosos para los niños.
Por qué el problema es especialmente serio en piscinas cubiertas
Las cloraminas que se evaporan del agua en una piscina al aire libre se dispersan en el exterior y no se acumulan. En una piscina cubierta, el recinto actúa como una trampa: las cloraminas se acumulan en el aire, especialmente en la capa baja justo sobre el agua.
La solución técnica es la ventilación: renovación constante del aire interior con aire fresco del exterior. Las normativas de construcción de instalaciones acuáticas establece tasas mínimas de renovación del aire. El problema es que una ventilación correcta consume mucha energía (hay que calentar el aire frío exterior que entra en invierno), lo que lleva a muchos gestores de instalaciones a reducirla por razones económicas.
Lo que no te dice el monitor de natación: cuando entras a una piscina cubierta y el olor a cloro es muy intenso, no es señal de que el agua está bien desinfectada. Es la señal contraria: hay exceso de cloraminas, lo que indica que el agua tiene demasiada carga orgánica, que la ventilación es insuficiente o que el tratamiento del agua no está funcionando correctamente.
El papel de los bañistas en el problema
La cantidad de cloraminas que se forman depende directamente de la carga orgánica que los bañistas introducen en el agua. Las principales fuentes:
- Sudor: la fuente principal de amoniaco y compuestos nitrogenados.
- Orina: contiene urea, que al reaccionar con el cloro produce cloraminas rápidamente. La norma de no orinar en la piscina no es solo una cuestión de higiene social: tiene un impacto real en la calidad del aire.
- Cosmética: cremas hidratantes, protectores solares y maquillaje reaccionan con el cloro y contribuyen a la formación de subproductos de desinfección.
- Células muertas de piel: en menor medida que los anteriores, pero presentes en cualquier grupo de bañistas.
Ducharse antes de entrar a la piscina —con jabón, no solo enjuagarse— es la medida más eficaz que puede tomar un bañista individual para reducir la carga orgánica del agua. Elimina el sudor, la cosmética y las células muertas antes de que lleguen al agua. En muchas piscinas europeas es obligatorio; en España, aunque existe la norma, su cumplimiento es irregular.
Soluciones técnicas: más allá del cloro
El sector de piscinas ha desarrollado varias alternativas y complementos al cloro convencional que reducen la formación de cloraminas:
- UV (radiación ultravioleta): los reactores UV destruyen las cloraminas sin añadir productos químicos al agua. Se instalan en el circuito de recirculación y reducen significativamente los niveles de cloraminas. Cada vez más frecuentes en piscinas municipales.
- Ozono: oxidante más potente que el cloro, destruye cloraminas y subproductos de desinfección con mucha eficacia. Requiere inversión mayor y un residual de cloro igualmente para la piscina.
- Cloración salina: genera el cloro necesario electrolíticamente desde sal (cloruro sódico), produciendo aguas con menos cloro libre y mejor tolerancia cutánea y ocular.
- Cloración de choque periódica: supercloriación planificada (normalmente de madrugada) para destruir las cloraminas acumuladas antes de que los bañistas lleguen.
Qué puede hacer el bañista recreativo
- Ducharse con jabón antes de entrar. Es la medida más eficaz.
- Nadar en piscinas bien mantenidas. Si el olor a cloro es muy intenso, la piscina tiene un problema de gestión del agua o ventilación.
- Preferir piscinas al aire libre en los meses que el clima lo permita.
- No entrar con cosmética reciente. Especialmente protector solar: esperar al menos una hora tras su aplicación o elegir fórmulas específicas para piscina.
- Si tienes asma o sensibilidad respiratoria, elegir piscinas con sistemas UV o de ozono, que suelen tener niveles de cloraminas mucho menores.
Preguntas frecuentes
¿Es peligroso nadar en piscina cubierta si tengo asma?
Para la mayoría de personas con asma leve o moderada, la natación en piscina cubierta bien mantenida es segura y beneficiosa. De hecho, la natación suele recomendarse como deporte para asmáticos porque el aire húmedo irrita menos las vías respiratorias que el aire frío y seco. El riesgo aparece con exposición muy intensa (entrenamiento de competición diario) o en piscinas con niveles elevados de cloraminas. Si notas que los síntomas empeoran después de nadar, comenta con tu médico y busca piscinas con tratamiento UV.
¿Por qué los ojos pican más en algunas piscinas que en otras?
La irritación ocular no es causada por el cloro libre sino por las cloraminas y por un pH del agua incorrecto. Una piscina con pH fuera del rango 7,2-7,8 o con muchas cloraminas irritará los ojos aunque tenga el cloro en niveles correctos. Una piscina con agua bien equilibrada (pH correcto, cloraminas bajas) no debería producir irritación ocular significativa.
¿Las gafas de natación protegen frente a las cloraminas?
Las gafas protegen los ojos del contacto directo con el agua, lo que reduce la irritación ocular. No protegen las vías respiratorias del aire con cloraminas. Para nadadores de competición con sensibilidad respiratoria, algunos usan tapones nasales durante el entrenamiento intensivo. No hay evidencia de que las gafas por sí solas reduzcan el riesgo de sensibilización respiratoria en nadadores de competición.
¿Cómo sé si una piscina tiene niveles seguros de cloraminas?
El indicador más accesible es el olfato: una piscina con pocos cloraminas huele poco. Si el «olor a cloro» es intenso, hay un exceso de cloraminas. Técnicamente, los gestores pueden medir el cloro combinado (cloraminas) con los mismos equipos de análisis de agua; la normativa española fija un máximo de 0,6 mg/L de cloro combinado. Puedes preguntar al responsable de mantenimiento por los últimos análisis.
¿El cloro del agua de piscina daña el cabello?
El cloro elimina los aceites naturales del cabello y puede resecarlo y hacerlo más frágil con exposición frecuente. El cobre presente en algunos algicidas puede dar un tono verdoso al pelo rubio o blanco. Mojar el cabello con agua del grifo antes de entrar a la piscina (para que absorba menos agua clorada) y aplicar acondicionador después del baño reduce estos efectos. Los gorros de natación son la protección más eficaz.
¿Las piscinas al aire libre tienen el mismo problema?
Tienen los mismos compuestos en el agua, pero la ventilación natural del exterior dispersa las cloraminas que se evaporan y no permite que se acumulen. El problema de las cloraminas en el aire es específico de las piscinas cubiertas o con ventilación deficiente. En piscinas exteriores, la calidad del aire es generalmente buena; los problemas se limitan al contacto del agua con la piel y los ojos.
Conclusión
Las piscinas cubiertas son espacios seguros para la gran mayoría de nadadores recreativos. El riesgo real aparece en la exposición muy intensa (nadadores de competición) o en instalaciones con mantenimiento deficiente. Ducharse antes de entrar, elegir piscinas bien ventiladas y preferir instalaciones con tratamientos UV o de ozono son las medidas más eficaces para reducir la exposición a cloraminas.
Y la próxima vez que entres a una piscina cubierta y el olor a cloro sea intenso, ya sabes qué significa: el problema no es demasiado cloro, sino demasiadas cloraminas. Y eso se soluciona con mejor gestión del agua, no con más cloro.




